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Sociedad y Economía

Casi 1,5 millón de jubilados cobrarán en abril un aumento de apenas el 2,11%: cuál es la explicación

Son los que se jubilaron con la mínima con 30 años o más de aportes sin moratoria.

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Por la falta de actualización del Salario Mínimo, Vital y Móvil (SMVM), y pese al aumento de los haberes en abril del 27,4%, casi 1,5 millón de jubilados y pensionados cobrarán este mes aproximadamente lo mismo que en marzo. Apenas $ 4.987 más, una suba del 2,11% respecto de lo que percibieron en marzo.

La explicación es la siguiente:

Los jubilados con haberes mínimos con 30 o más años de aportes efectivos sin moratoria tienen derecho al 82% del SMVM. En marzo, la jubilación mínima fue de $ 134.445,30 más el bono de $ 70.000, en total $ 204.445,30. Pero por la garantía del 82% sobre un SMVM de $ 202.800, ese 82% representó $ 166.296. Con el bono de $ 70.000, cobraron en total $ 236.296. ($ 236.296-204.445,30). Un plus de $ 31.850.70.

En abril, por ahora, el SMVM se mantiene en $ 202.800. Con el aumento del 27,4%, el haber mínimo sube a $ 171.283.30. Más el bono de $ 70.000, cobrarán este mes en total $ 241.283,30, cuando en marzo cobraron $ 236.296. Una diferencia de apenas $ 4.987,30 ($ 241.283,30 menos 236.296).

“Esto sucede porque el SMVM no se actualizó en abril, y tampoco el Bono de Refuerzo, y por lo tanto el 82% del SMVM quedó por debajo de la Jubilación Mínima General, y en consecuencia pasan a cobrar el tope de $ 241.283,30”, explicó el abogado Aníbal Paz

De esta manera, habrá jubilados que cobrarán un 2,11% más, (jubilados de haber mínimo con 30 o más años de aportes efectivos, otros un aumento del 18% (mínima con moratoria) y otros (el resto) haberes medios y más altos, una suba del 27,4%.

Por su parte, los que cobran la PUAM (Pensión Universal al Adulto Mayor) tendrán una suba del 16,6% y las Pensiones No Contributivas (PNC) un incremento del 15,71%.

Desde 2018, este grupo de jubilados no puede cobrar menos que el 82% del SMVM. Es porque el artículo N° 5 de la ley 27.426, aprobada en diciembre de 2017, especifica que los jubilados y pensionados “con 30 años o más de servicios con aportes efectivos” (sin moratoria) cobrarán “un suplemento dinerario hasta alcanzar un haber previsional equivalente al ochenta y dos por ciento (82%) del valor del Salario Mínimo Vital y Móvil”.

Desde que se aprobó, ese plus transitorio se pagó en los meses de enero-mayo y de julio a noviembre de 2018; en agosto y en octubre- noviembre de 2019, en octubre y noviembre 2021, en agosto, en octubre, noviembre y diciembre 2022, en enero y febrero y en abril, mayo, junio, julio, agosto, septiembre, octubre, noviembre y diciembre 2023. Y en enero, febrero y marzo 2024.

Los jubilados y pensionados que cobran el haber mínimo y se jubilaron acudiendo a moratorias no cobran ese plus.

Los jubilados y pensionados con haberes medios y más altos tampoco reciben este suplemento ni los bonos que se fueron otorgando durante estos años.

Este último sector de los jubilados y pensionados es el que mayor retroceso tuvo frente a la inflación porque, al igual que el resto, tuvo una pérdida del 19,5% durante el Gobierno de Mauricio Macri.

Luego en 2020 recibió aumentos inferiores a los de la mínima. Y en 2021, en 2022 y en 2023 no percibió ninguno de los bonos que se les otorgaron a los jubilados y pensiones de haberes más bajos. Y tampoco en estos meses de 2024. Desde septiembre de 2017, este segmento de jubilados acumula pérdidas de más del 50%

Clarín

Contacto: mensajes@jachalmagazine.com.ar

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AUH y SUAF: Anses elevó los topes de ingresos para mantener la cobertura

La Administración Nacional de la Seguridad Social (Anses) actualizó los límites de ingresos para acceder a la Asignación Universal por Hijo (AUH) y al Sistema Único de Asignaciones Familiares (SUAF), con vigencia desde junio de 2026.

La medida busca garantizar que las familias no pierdan el acceso a estas prestaciones en un contexto de variación salarial y cambios económicos.

Según informó el organismo, el tope de ingresos para cobrar la AUH quedó fijado en $367.800, monto equivalente al nuevo valor del salario mínimo, vital y móvil (SMVM). Esta actualización se realiza de manera automática, tal como lo establece el Decreto 1602/2009. No obstante, la normativa mantiene excepciones: los monotributistas sociales y los trabajadores de casas particulares pueden seguir percibiendo la AUH incluso si superan ese límite.

En paralelo, Anses actualizó los topes del SUAF mediante la Resolución 146/2026. El nuevo límite individual de ingresos es de $2.970.968, mientras que el tope del grupo familiar asciende a $5.941.936. Para determinar el acceso a las asignaciones familiares, el organismo considera los ingresos brutos de ambos progenitores, independientemente de su situación civil o convivencia. Si uno supera el tope individual, o si la suma de los ingresos excede el límite familiar, la familia queda excluida del beneficio.

Desde Anses recordaron que los topes de ingresos determinan quiénes pueden acceder al sistema, mientras que las escalas del SUAF definen cuánto cobra cada beneficiario según su nivel de ingresos. Por ello, remarcaron que ambos conceptos no deben confundirse.

El organismo también destacó la importancia del Formulario Madres, una herramienta que permite que la persona a cargo del cuidado del menor cuando no coincide con el titular registrado pueda solicitar el cobro directo de la AUH o del SUAF. Sin embargo, este trámite no modifica el tipo de prestación: una asignación del SUAF no se convierte en AUH.

Con estas actualizaciones, Anses busca mantener la cobertura de las asignaciones familiares y garantizar que los hogares con niñas, niños y adolescentes continúen accediendo a los beneficios que les corresponden.

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La fe de los argentinos se transforma: menos católicos, más evangélicos

La fotografía religiosa de la Argentina atraviesa una transformación profunda. El nuevo Barómetro de las Religiones y las Creencias en Argentina 2026, elaborado por el Observatorio de las Creencias en Argentina (OCREAR), confirma un cambio histórico: el catolicismo dejó de ser hegemónico, mientras crecen con fuerza los evangélicos y, sobre todo, quienes no se identifican con ninguna religión.

El estudio realizado por investigadores de la UBA aporta datos cuantitativos inéditos en más de seis décadas, ya que la última vez que el Censo Nacional preguntó por pertenencia religiosa fue en 1960. En aquel entonces, el 90% de la población se declaraba católica; hoy ese porcentaje cayó al 57,7%.

La segunda identidad más numerosa ya no es una religión organizada, sino la población sin filiación religiosa, que alcanza el 22,4% al sumar a quienes se declaran sin religión (13,2%), agnósticos (4,8%) y ateos (4,4%). Por detrás aparecen los evangélicos, que consolidan su presencia con un 17,7%, un crecimiento que se refleja también en la política: doce legisladores evangélicos ingresaron al Congreso en la última elección, un hecho sin precedentes.

Un mapa religioso en reconfiguración

Para los investigadores, el fenómeno combina dos procesos:

  • una “salida caliente”, donde parte de los católicos migra hacia iglesias evangélicas, percibidas como más dinámicas y comunitarias;
  • y una “salida fría”, marcada por la desinstitucionalización y la idea de “creer sin pertenecer”.

Otras religiones mantienen una presencia minoritaria: Testigos de Jehová/Mormones (0,5%), Umbanda/Africanistas (0,5%), Islam (0,3%), Judaísmo (0,2%) y otras expresiones (1%). En el caso del judaísmo, el informe señala una sobreexposición mediática que no se corresponde con su peso demográfico, concentrado mayormente en el AMBA.

La fractura generacional es uno de los hallazgos más contundentes. Entre los mayores de 50 años, el catolicismo alcanza el 69%, pero entre los jóvenes de 16 a 29 años cae al 44,6%. En este grupo, la ausencia de filiación religiosa trepa al 31%, mientras que los evangélicos llegan a su punto más alto: 23,6%.

El nivel educativo también marca diferencias:

  • los sectores con menor escolaridad muestran mayor adhesión evangélica (22,5%), donde estas iglesias funcionan como redes de contención social;
  • en los niveles medio y alto, quienes no tienen religión superan el 27%.

En términos de género, se mantiene la feminización de la religiosidad: las mujeres participan más activamente en instituciones religiosas, especialmente en iglesias evangélicas (19,3% frente al 15,2% de los hombres).

Territorialmente, el interior del país conserva un mayor peso católico (59,4%), mientras que el AMBA se consolida como el epicentro de la pluralidad y la desinstitucionalización (26,1% sin religión).

Un futuro más plural y fragmentado

El informe concluye que la Argentina se encamina hacia un escenario religioso más diverso y atomizado, donde las instituciones tradicionales pierden centralidad y emergen nuevas formas de espiritualidad, identidades intensas y prácticas individuales.

Incluso el reciente fenómeno de jóvenes que reivindican el “regreso al catolicismo” es interpretado como una reacción identitaria minoritaria, más estética que demográfica. La muerte del Papa Francisco, lejos de revertir la tendencia, marca el cierre de una etapa en la que la Iglesia intentó contener la pérdida de fieles sin lograr frenar la fragmentación.

Perfíl

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La pobreza infantil vuelve a crecer en 2026 y golpea más a hogares monomarentales

La pobreza infantil mostró una mejora durante 2025, pero los avances podrían desdibujarse rápidamente. Según el último informe de Unicef Argentina, el 42,3% de las niñas, niños y adolescentes vivía en hogares pobres en el segundo semestre del año pasado, mientras que la indigencia alcanzaba al 9,4%.

Aunque los números representan una baja significativa respecto del pico del 52,7% registrado en 2024, el organismo advierte que la tendencia podría revertirse en los primeros meses de 2026.

El estudio, basado en datos oficiales, estima que 5,1 millones de menores residen en hogares pobres, de los cuales 1,1 millones están por debajo de la línea de indigencia. La mejora, sin embargo, aparece condicionada por un escenario económico frágil y por señales de alerta en el financiamiento de las políticas públicas dirigidas a la niñez.

Las proyecciones de Unicef para el primer semestre de 2026 anticipan un rebote de la pobreza infantil al 44,4% y un aumento de la indigencia al 10,8%, lo que marcaría un quiebre en la recuperación observada durante el año pasado.

El informe subraya que las cifras generales esconden realidades mucho más complejas. La precarización laboral y la falta de redes de contención profundizan la vulnerabilidad de los hogares con niños:

  • En hogares donde la persona de referencia está desocupada, la pobreza infantil trepa al 74,8%.
  • Cuando el clima educativo es “muy bajo”, la pobreza alcanza el 68,8%.
  • En hogares monomarentales, la pobreza llega al 52,8%.

Unicef destaca el rol de la AUH, la Prestación Alimentar y otros programas de transferencia de ingresos para evitar un deterioro mayor. Según el representante del organismo en Argentina, Rafael Ramírez Mesec, la indigencia infantil sería 6 puntos más alta sin estos instrumentos de protección.

Más allá del ingreso, el informe revela que el 42,8% de los chicos sufre al menos una privación estructural vinculada a vivienda, saneamiento, agua potable, educación o protección social.

La presión económica también se refleja en las estrategias de supervivencia: 7 de cada 10 hogares con niños debieron endeudarse, usar ahorros o vender pertenencias durante 2025 para cubrir gastos básicos, una proporción sensiblemente mayor que en hogares sin menores.

Presupuesto 2026: la advertencia más seria

La principal preocupación del organismo está puesta en el financiamiento estatal. Aunque en 2025 el presupuesto destinado a la niñez creció un 4% real, impulsado casi exclusivamente por las transferencias con movilidad automática, el panorama para 2026 es mucho más restrictivo.

Entre enero y mediados de mayo, la ejecución presupuestaria fue 6% menor en términos reales que la del año anterior, afectando áreas clave como educación, nutrición, primera infancia y protección de derechos. La única excepción fue salud, debido a mayores compras de vacunas y medicamentos.

El análisis de Unicef proyecta que, de no ampliarse los créditos vigentes, el presupuesto nacional para la niñez podría cerrar el año con una caída real del 16%, un retroceso que pondría en riesgo la capacidad del Estado para sostener los pisos básicos de bienestar.

El especialista en Inclusión y Monitoreo de Unicef, Sebastián Waisgrais, remarcó que las políticas de ingresos son necesarias pero insuficientes si no se articulan con intervenciones focalizadas y políticas sectoriales que aborden las privaciones estructurales.

Aunque el reciente aumento del 38% en la Prestación Alimentar y las actualizaciones por movilidad de la AUH podrían moderar el impacto, el desafío sigue siendo evitar que la recesión y el ajuste fiscal terminen profundizando la vulnerabilidad de los hogares con niños.

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